Derroteros


La última semana del 2016, y hasta los últimos minutos de la noche vieja del 31 de diciembre, escuché una llamativa cantidad de gente decir que había sido un año de mierda. 
Para mi fue un buen año, de levantar cabeza. No diría que fue "fácil", fue un caos, una revolución, y al pensar en ello me detuve a preguntarme, si no fuera yo quien hiciera mi  retrospectiva, quizás otro diría que tuve un año de mierda también? 
Qué curioso esto de la subjetividad del cristal con que se mira.

La tarde del 1 de enero pase por delante de mi banco de trabajo (aun no me había mudado al nuevo taller) y vi de reojo detrás de una pata, algo que brillaba. Me acerqué y vi que era una perla que evidentemente se había caído ahí en algún momento. 
No lo pude evitar la sinapsis: la perla como el trabajoso resultado del molusco por salvaguardarse de un cuerpo extraño, posiblemente dañino, cubriéndolo capa por capa con nácar... La idea de transformar en una gema aquello que lo daña, de toda su naturaleza al servicio de sortear la dificultad, la forma más sublime de resilencia. 
De repente encontré qué hacer con todas esas lamentaciones que se habían hecho eco a mi alrededor, que no eran ni mas ni menos que reflejo empático de las mías propias - y es que a veces cuesta advertir esos rescoldos ingratos en los rincones del alma-mente-cuerpo hasta que el viento que se cuela por las hendijas los aviva-. Siguiendo las instrucciones de la perla, sublimé en creando belleza.

Cuando pude hacerme un hueco para sentar las bases de estas ideas en metal, y casi sin pensar demasiado hice tres anillos, como si el proyecto ya hubiera sido trazado por alguna parte de mi inconsciente sin necesidad de informarme mas que con el producto de mis manos. Reticulé la plata, que es una terminación que se logra exponiendo el metal a mas temperatura de la que soporta, dando como resultado texturas particulares, como si fuesen cicatrices. 
El engarce esta hecho en una cazuela que tiene el doble de altura que las perlas, y las eleva sobre el dedo, como en pequeños altares.


plata 925
perlas de río
Ojo, yo no quiero hacer elogio del dolor, pero tengo cierta desconfianza acerca del marketing que hoy tiene la felicidad, cuando veo muchas personas frustradas por no saber qué hacer con las emociones que los hacen ni mas ni menos que humanos: melancolía, confusión, tristeza, desilusión, enojo, ira...

Y ésto es algo que hace rato está allí haciéndome ruido, llamando desde afuera para que salga de mi modorra y vaya en su búsqueda, lo ponga en palabras y hechos.
Aprender a vivir intensamente... y eso incluye integrar el dolor. Porque si me planteo elevar mi existencia a mi mejor versión, inevitablemente eso me pone de cara al dolor en algún momento. Entonces es lo que quiero.
Porque aceptar el dolor es aceptarme por completo y con humildad entregarme al mundo, así como el mundo a mi se me ofrece y me conmueve con su territorio, su orden perfecto, sus ciclos que me mecen, su crudeza que me trasciende... así me quiero también.

Y si como seres humanos hemos llegado a los confines inhabitables del planeta y otros espacios mas allá, quiero lo mismo para mi terreno interno y no una vida pequeña ceñida a una sonrisa adormecida que me impide ver los matices de las diferencias, la belleza del paso pesado del tiempo, la paz en la contemplación de la tormenta.

Y si como seres humanos creamos mapas, para volver de los lugares mas maravillosos y recónditos que hemos descubierto y efemérides para viajar en el tiempo a sucesos trascendentes en la historia, por qué no hacer los nuestros propios, a nuestros abismos y tierras emocionales conquistadas, hitos que nos mutilaron, pero a su vez nos dieron nueva vida?

Estos anillos son simbólicamente el mapa, el derrotero, casi un método, donde se describe claro el recorrido de ida y vuelta desde la orilla a lo profundo de tus mundos perdidos, encontrados.
La perla es la prueba que traes al mundo, no como un inerte trofeo por las tribulaciones vividas, no; la perla es la reliquia, el cristal con el que te miras y donde ves un ser humano construido con mérito y sobretodo lleno de riqueza.



Disponibles en la tienda

No hay comentarios

Publicar un comentario en la entrada

© SubliMeli
Maira Gall